Comienza ciclo

Como hombres, recién cerramos un ciclo que generó mucha inquietud e, incluso, temor; la visión distorsionada de un legado cultural y espiritual dio a muchos la impresión de que una destrucción masiva y total habría de acabar con la vida sobre La Tierra.

El sentido de esa herencia, dejada por los Mayas para toda la humanidad, es precisamente el de la esperanza; sentido que se materializa en la certeza de que la realidad que hoy vivimos no durará más allá de lo que es necesario, más allá de lo que nos toma alcanzar el aprendizaje que como oportunidad nos ofrece la providencia divina, teniendo como recurso didáctico al mismo dolor que experimentamos.

La cuenta de un nuevo tiempo representa, entonces, el comienzo del Ciclo de la Esperanza; mas esta esperanza no debe ser interpretada como una simple idea, carente de acciones y consecuencias; el nuevo ciclo viene marcado por el despertar de nuestras consciencias, individuales y colectivas, que nos encamina a las acciones concretas.

El Ciclo de la Esperanza comienza con una disposición fresca en nuestras mentes, con un renovado espíritu de trabajo y con una plena confianza en nuestra capacidad de transformación hacia el bien; no hay espacio para la duda, no hay espacio para la tristeza, no hay espacio para la desidia, es tiempo de trabajar.

El trabajo ha de convertirse en nuestro principal aliado para que la esperanza en condiciones mejores se materialice en nuestras vidas; mientras ello sucede, será nuestra ocupación el tender nuestras manos en auxilio de quien necesita, abrir nuestros corazones para amar a todos y usar nuestras palabras para llevar consuelo y aliento al que se siente desamparado.

La ocupación en las tareas del bien, en el auxilio solidario y fraterno, en el cultivo de nuestras competencias intelectuales y morales, generará en nuestros propios espíritus el crecimiento, la elevación y el progreso que han de liberarnos de manera definitiva de nuestras ataduras al dolor y al sufrimiento. De esta manera, la Esperanza se convierte en Realización, el sueño se convierte en realidad.

Obrando de esta forma no solo estaremos modulando en una frecuencia más elevada nuestra condición como hombres sino que estaremos incursionando en la experiencia de los espíritus del bien, saltando cual delfines, aunque sea por lapsos breves, del plano físico al espiritual a partir de nuestra renovada vibración.

¡Abracemos el trabajo por el Bien al inicio del Ciclo de la Esperanza!