Danlí, ciudad cuna del Espiritismo en Honduras, se vistió de alegría para ofrecer a la nueva generación de hondureños la oportunidad de conocer el mensaje de consuelo, esperanza y optimismo que la Doctrina Espírita ofrece a la humanidad sufridora y doliente de hoy.

En plena inauguración de las festividades agostinas dedicadas al maíz, la ciudad fue sede del Congreso Espírita Infantil Hondureño, que reunió a niños espíritas y no espíritas de Honduras para compartir una visión de futuro promisorio que puede alcanzarse si se trabaja desde hoy con apoyo de la educación.

En las instalaciones del Auditorio del Instituto Departamental de Oriente (IDO), la Asociación Civil de Proyección Moral (ACIPROMO) y la Asociación de Educadores de Honduras (CAFARNAUM), desarrollaron un alegrísimo e interesante programa que tenía como tema principal “La Educación como Factor de Desarrollo”, en cuyo marco, conferencistas adultos e infantiles disertaron sobre diferentes aspectos del proceso educativo y su vinculación con la transformación de pensamientos, sentimientos y conductas, que precisa el ser humano de hoy para alcanzar libertad y felicidad.

La propuesta educativa que se presentó en el Congreso Espírita Infantil Hondureño incluyó temas relacionados con la creación y evolución de la humanidad –ligando ciencia, filosofía y moral en todo el proceso-, la educación como factor de desarrollo para la sociedad, los derechos y deberes de los niños, el papel de los padres en la formación espiritual de sus hijos, el perfil del niño espírita, la forma en que los procesos educativos impulsan nuestro progreso hasta convertirnos en personas de bien, el por qué debemos perseverar en la educación y formación de los niños, exponiendo en forma demostrativa el modelo educativo a implementar en la Escuela Espírita Domingo Savio, que abrirá sus puertas en la ciudad de Tegucigalpa a partir del año lectivo 2013.

Agradecemos a las autoridades locales por el invaluable apoyo brindado desde la Municipalidad de Danlí y la Dirección Distrital de Educación, así como de la Dirección del Instituto Departamental de Oriente que facilitó sus instalaciones para dar abrigo al evento.

5 centros educativos de la ciudad fueron invitados a enviar representaciones infantiles para compartir este banquete, nutrido sustancialmente con un mensaje edificante y renovador, enriquecido con diversas manifestaciones artísticas y coronado con el compromiso realizado por los pequeñitos asistentes, que reza:

“Prometo ante Dios, Creador Universal que tanto nos ama,

ante mis padres y seres queridos, que me acompañan en la vida,

ante mis amigos, mis maestros y la sociedad en que convivimos,

que voy a dar lo mejor de mí para aprender todo lo que debo aprender

y educarme para convertirme en una persona de bien”.

Comienza ciclo

Como hombres, recién cerramos un ciclo que generó mucha inquietud e, incluso, temor; la visión distorsionada de un legado cultural y espiritual dio a muchos la impresión de que una destrucción masiva y total habría de acabar con la vida sobre La Tierra.

El sentido de esa herencia, dejada por los Mayas para toda la humanidad, es precisamente el de la esperanza; sentido que se materializa en la certeza de que la realidad que hoy vivimos no durará más allá de lo que es necesario, más allá de lo que nos toma alcanzar el aprendizaje que como oportunidad nos ofrece la providencia divina, teniendo como recurso didáctico al mismo dolor que experimentamos.

La cuenta de un nuevo tiempo representa, entonces, el comienzo del Ciclo de la Esperanza; mas esta esperanza no debe ser interpretada como una simple idea, carente de acciones y consecuencias; el nuevo ciclo viene marcado por el despertar de nuestras consciencias, individuales y colectivas, que nos encamina a las acciones concretas.

El Ciclo de la Esperanza comienza con una disposición fresca en nuestras mentes, con un renovado espíritu de trabajo y con una plena confianza en nuestra capacidad de transformación hacia el bien; no hay espacio para la duda, no hay espacio para la tristeza, no hay espacio para la desidia, es tiempo de trabajar.

El trabajo ha de convertirse en nuestro principal aliado para que la esperanza en condiciones mejores se materialice en nuestras vidas; mientras ello sucede, será nuestra ocupación el tender nuestras manos en auxilio de quien necesita, abrir nuestros corazones para amar a todos y usar nuestras palabras para llevar consuelo y aliento al que se siente desamparado.

La ocupación en las tareas del bien, en el auxilio solidario y fraterno, en el cultivo de nuestras competencias intelectuales y morales, generará en nuestros propios espíritus el crecimiento, la elevación y el progreso que han de liberarnos de manera definitiva de nuestras ataduras al dolor y al sufrimiento. De esta manera, la Esperanza se convierte en Realización, el sueño se convierte en realidad.

Obrando de esta forma no solo estaremos modulando en una frecuencia más elevada nuestra condición como hombres sino que estaremos incursionando en la experiencia de los espíritus del bien, saltando cual delfines, aunque sea por lapsos breves, del plano físico al espiritual a partir de nuestra renovada vibración.

¡Abracemos el trabajo por el Bien al inicio del Ciclo de la Esperanza!